Salamanca, 2014
Puente romano, Salamanca, 2014

The light passenger es un repositorio de traducciones de poetas de expresión francesa que realizo desde 2013. La traducción es escritura del otro y de sí mismo, y gravita para mí desde una pulsión creadora. A su vez, a esta labor se suma otra de carácter teórico que constituye una parte esencial de mi actividad investigadora.

     Actualmente me dedico a la traducción de la obra poética de Lorand Gaspar (Transilvania) en su totalidad. Por otro lado, me ocupo también de las obras Les Yeux dans la couleur y Le Livre de l’oubli, de Bernard Noël (Francia), L’eau froide gardée de Salah Stétié (Libia); Un regard d’ambreLa terre âgée y Matière de lumière de Heather Dohollau (Gales) y de los libros Gisements de lumière y La Douleur des seuils, de Amina Saïd (Túnez). Más recientemente he incursionado en la obra de los quebequenses Gilles Cyr (Sol inapparent, Diminution d’une pièce) y Robert Melançon (Peinture aveugle), entre otros. Además de la selección de poemas que se ofrece a continuación, este es un listado de las publicaciones más recientes en otros medios: Brillo disperso

Voces de luz

     Las voces de los autores cuyos versos traduzco aquí resuenan en todas las polaridades de la expresión literaria en lengua francesa. Se caracterizan, quizás, por representar los sentidos del mundo a través de su cuerpo. Algunos de ellos han sido largamente traducidos a nuestra lengua y otros aún son invisibles. Su elección no se rige por una cuantificación de su presencia literaria en español, sino que su traducción constituye una búsqueda de luz en la palabra de otro. He aquí un escaparate de fulguraciones.
    Personal, como es, la traducción literaria establece un acceso privilegiado al código de representación de otra voz, a su temperatura, a su delicadeza y a sus contradicciones. No existe para mí la traducción definitiva, como no existe tampoco la lectura total, sujeta a cada experiencia y cada vida lectora. El poema traducido, no obstante, es un poema distinto, nuevo, que busca al menos proponerse como correlato coherente del inicial, con parcelas de su luz extirpada.

Abdellatif Laâbi. Fez, Marruecos. 1942.

Figura clave de la política marroquí en su juventud, este poeta acabó tras las rejas por su lucha ideológica, y desde ahí supo forjar una poesía que florece sin rencor, que reivindica desde la sutileza. Aquí, la luz de detrás de los barrotes se levanta. Fundador de la revista Souffles en 1966, dio un respiro a una promoción entera de escritores, pintores, cineastas y dramaturgos que buscaban válvulas de oxígeno. Desde su trinchera de combate luminoso y exiliado ya en Francia desde 1985, Abdellatif Laâbi ha hecho arder el Prix Goncourt de la poésie (2009)  y el Grand Prix de la Francophonie (2011)

L’Arbre de fer fleurit (1974) | L’oeil et la nuit (2003)
 Amina Saïd. Túnez, 1953.
Amina guarda en su crátera el premio Jean-Malrieu y el premio internacional de poesía Antonio Viccaro. Aquí encontramos una identidad bifurcada entre dos lados del Mediterráneo firma estos versos de hondura que se despliegan como la espuma del mar sobre la arena. Bajo su umbral se esconde la errancia y el encuentro; escisión y completud amamantan la ardua luz de la materia y el cosmos.

En la poética de Saïd el ritmo del paisaje fluye del exterior al interior alcanzando un terreno de intimidad del cuerpo y del espacio en donde lo espiritual y lo físico trazan los ritos de la vida. La fortuna y el desahucio del amor, el tránsito franco-tunesino en el que se forja una identidad desde dos frentes, la madurez y la mirada retrospectiva de su biografía son algunas de sus indagaciones. La escritura de Amina Saïd se extiende en el horizonte de la página con insistentes aliteraciones que construyen una musicalidad espiral, una envolvente de variaciones de signos que progresivamente excavan diversas capas de la escritura y la vida. Versos, pues, de hondura que se despliegan como la espuma del mar sobre la arena.

Gisements de lumière (1998) | La Douleur des seuils (2002)

André du BoucheParís, 1924 – Truinas, 2001. 

Decir que fue traductor de Hölderlin, Mandelstam, Faulkner, Joyce, Paul Celan y Shakespare se antoja suficiente. Encontramos al poeta a caballo entre mundos culturales diversos que reconcilia en su obra, marcada por la depuración. En la palabra paciente de André du Bouchet se respira la cortesía de la atención que denota humildad frente al verso. El signo de la silueta apenas sugerida. La percepción meditada.
La materia aparece entrecortada, descontracturada, en esta escritura que crece desde los bordes de la página. Surge una naturaleza dislocada, que aparece de un modo periférico. A du Bouche le gusta desconcertar pero en la hermenéutica de su texto están todas las claves.
Junto a Yves Bonnefoy y Jacques Dupin funda en 1967 la revista L’Éphémère cerca de la cual orbitan Michel Leiris, Paul Celan y Philippe Jaccottet, entre otros. En 1993 el Gran premio nacional de poesía premia el conjunto de su obra.
Air (1946)| Dans la chaleur vacante (1991)

Bernard NoëlSainte-Geneviève-sur-Argence, 1930.

La poesía de Noël es la de las improntas del cuerpo en la palabra. El cuerpo, su memoria de sí mismo y del otro, donde el primero se encuentra y se extravía. En la escritura de Noël, los sentidos del cuerpo no tienen su límite en la realidad, no acaban en el mundo sino que se extienden hacia el otro. El otro que percibe es también un sujeto que transforma el sentido y la conciencia del primer observador. La reflexión poética de la inmensa obra de Bernard Noël examina el cuerpo en su contacto con el mundo y con el otro. Y el cuerpo que se mira a sí mismo.

Potente teórico del arte, de la imagen, la escritura de Bernard Noël no es lacónica sino expansiva, el verso dialoga con los límites de la página, con la prosa, con el ensayo; incluso en el terreno de la entrevista ese diálogo es capaz de adquirir un orden estético. Noël es, por otra parte, un pensador de los sistemas civilizatorios, de lo político, de las estructuras que organizan la existencia y los modelos de representación artística en su perspectiva histórica. Porque ha logrado introducir el cuerpo a la reflexión, la poesía y el pensamiento de Noël son eminentemente humanos; ahí ocurre el milagro de la visión, del sudor, del recuerdo y de la palabra.

Fernand Ouellette. Montreal, 1930.

Este autor central de la poesía quebequense ha bañado sus versos de un voltaje místico y filosófico que lo colocan en la tradición de una poesía que lo mismo es roca que nieve. Un recopilador del pensamiento de su tiempo y de su sociedad, sediento de volumen. Imprevisible, ingobernable, esta escritura enérgica dejará ver múltiples territorios y facetas desde obras como Ces anges de sang (1955) hasta L’absent (2010). Aquí recogemos apenas algunos de los lúmenes que su obscuridad desprende, ya que a nadie se le escapa que las páginas de Fernand Ouellette son ante todo velas de luz sudando sombra.
Le Soleil sous la mort (1965) | Dans le sombre (1967) | Ici, ailleurs, la lumière (1977)
 Gilles CyrGaspesia, Québec, 1940.

87573-gilles2bcyr2bjovenEntre sábanas de nieve Gilles Cyr construye una escritura contenida, elegante en su trazo sintáctico y secreta. En la página el trazo asemeja figuras orientales (no en vano ha ejercido de traductor de poetas coreanos). Voz discreta, reservada, de orígenes modestos, la escritura cyreana revitaliza un paisaje concreto pero compartimentado desde el cuerpo, sugerido apenas en bosquejos perceptivos que los sentidos articulan. Lo luminoso, aquí, compone una textura de la que todo surge. Emerge entonces la refracción.

Entre los reconocimientos a su obra se encuentran el prix du Gouverneur général du Canada (1992) y el prix Arthur-Buies (2010). También traduce insaciablemente, desde algún café del plateau Mont-royal, a poetas armenos y coreanos.
| Sol inapparent (1978) | Diminution d’une pièce (1983)

Heather Dohollau. Treherbert, Gales, 1925 – Saint Brieuc 2013.

Ser una poeta británica de expresión francesa es tan sólo una de las múltiples paradojas que encerraba su vida. En la voz elegante de Dohollau subyace la mirada paciente y sosegada que apacigua la euforia y sin embargo la incita. Una mudanza de espacio trajo en la vida de Heather otra de lengua, habitante de islas y rincones, madre de siete hijos y vital reivindicadora de su libertad, nacional y privada, su obra deambula.
A Heather Dohollau Le interesa la verticalidad, la perspectiva, la distancia; todos los elementos que estructuran el paisaje. La forma, el volumen, lo que no está, lo que desaparece salvo por un atisbo de la vista. Los poemas de Dohollau están imbuidos de un sentido del asombro y de una serenidad que se expresa en imágenes inusitadas, inquietantes, delicadas y a veces oraculares. Una presencia extraña, otra, divina, vibra en sus versos. A su poesía le interesa la desaparición: no lo desaparecido, sino el momento de transición en el que se pierde de vista lo que está. Y del choque de ese sitio de luz confrontada consigo misma se desprende una forma tangible de transparencia.
Henri Meschonnic. Paris 1932- Villejuif 2009
Meschonnic

Jacques Dupin. Privas, 1927 – París, 2007.

Poeta, ensayista, crítico de arte y galerista, Jacques Dupin fue miembro fundador de la revista L’Éphémère, junto a Yves Bonnefoy y André du Bouchet, y aunque en vida sólo recibió el Gran Premio Nacional de poesía (1988) su obra y figura han conocido múltiples reconocimientos tras su muerte. Lo mismo en el ensayo que en el verso, Jacques Dupin produce electroshock en la palabra.  La poesía de Dupin es el cuerpo palpando las explosiones del espacio. Su escritura se agarra al asfalto y toma la forma de las estridencias que se perciben despacio.

Le corps clairvoyant (Gallimard, 2013) reúne parte de su obra poética. En El cuerpo clarividente, Dupin tensa las mutaciones del paisaje de las que germina una forma del caos. Su universo sonoro está lleno de resonancias y estridencias que configuran un espacio a la vez caótico y coherente en el que ruido está la base de esa armonía compleja. Jacques Dupin teje mundos que se perciben en el vértigo, bajo una luz enmarañada.

Ballast (2009) | Le corps clairvoyant(2013)

Lorand GasparTransilvania, 1925.

La trashumancia es uno de los rasgos determinantes de la biografía de Lorand Gaspar. Nació en Transilvania —actual Rumanía— en 1925 y adoptó el francés como su lengua de comunicación literaria. Homo viator, como es, Lorand Gaspar se forma en la ruta como escritor errante: inicia estudios en Budapest para posteriormente refugiarse en París durante la Segunda Guerra Mundial, donde se forja como médico y desde donde parte —ya como ciudadano francés— a Jerusalén, y quince años más tarde a Túnez. Funda y dirige en los años setenta la revista Alif, junto a Jacqueline Daoud y Salah Garmadi, sobre literatura árabe y francesa. En su faceta como traductor, Gaspar exploró las escrituras de autores como D.H. Lawrence, Rainer Maria Rilke, Georges Séféris y Janos Pilinszky, entre otros.
Un código de austeridad atraviesa las moléculas de la poesía gaspariana bajo los signos del desierto, el mar, la luz y el cuerpo. Se trata de una escritura del hombre en el espacio, una geopoética, en la que lo literario y lo científico se erigen como dos formas de acceso al conocimiento dotando a la metáfora de un potente contenido epistemológico y emocional. Y es que la noción de aprendizaje es telón de toda su obra: el pensamiento de Gaspar se construye en la intersección entre lo científico y lo poético, donde acontece lo corporal, lo fenomenológico. Se trata de un escritor forjado en la pluralidad de lenguajes, en la comprensión de los procesos neurológicos, en la traducción, la fotografía, la curiosidad y la paciencia. Así se revelan las costuras de una escritura humanista de la mano de un genuino aprendiz de la luz.
Sol Absolu (1972) | Egée, Judée (1980) | Patmos (2001)

Paul-Marie Lapointe. Lac-Saint-Jean, Québec, 1929 – Montreal 2011.

Paul-Marie Lapointe ocupó un espacio epicéntrico en la poesía quebequense de la época tanto como en la vida política de una sociedad necesitada de redefiniciones y levantamientos simbólicos: construir la memoria literaria a partir del territorio y del lenguaje fue quizás una de sus funciones. Profundamente vinculado a la que se convertiría en la editorial nuclear de la poesía quebequense (L’Hexagone), Paul-Marie Lapointe supo hacer emerger con fuerza una escritura arraigada al suelo y a los árboles.

Miembro fundador de la revista Liberté en 1959, entre las distinciones a su obra están el  Prix Gilles-Corbeil 1999,  el Prix Léopold Sedar Senghor, el Prix littéraire de La Presse o el Prix de l’International Poetry Forum. Es además Doctor Honoris Causa por la Universidad de Montréal (2001). Lapointe pone la luz contra las cuerdas. En un incesante esfuerzo por encontrar respuestas en el paisaje, desteje la nieve, el cielo y la montaña para encontrarse adentro, palpitando.

Philippe JaccottetMoudon, Suiza, 1930.

Una enérgica labor de traducción ha caracterizado el quehacer literario de Jaccottet. Goethe, Hölderlin, Leopardi, Rilke, Thomas Mann, Giuseppe Ungaretti, con este último lo unió una profunda amistad. Con todo, se diría que la suya es una voz discreta, alejada en cierta medida del mundo literario. Jaccottet necesita el espacio. El Gran premio Nacional de poesía, el Premio nacional de Traducción o el Premio Goncourt de poesía son sólo algunos de los reconocimientos a su obra.
El paisaje multiplica sus dimensiones en los versos de Philippe Jaccottet. Su mirada interroga la realidad hasta el punto de desestabilizarla. Y en ese desajuste habita el hombre que la nombra: A veces mirada y mundo se difuminan. Jaccottet talla en las apariencias una forma de armonía que a veces lo conecta con corrientes orientalistas. La tensión entre lo visible y lo oculto articula los paisajes de plenitud y de segmentación que tanto le interesan. Hay en su escritura un ímpetu por el misterio delicado, lo invisible se yuxtapone a lo visible y a todo parece regirlo una forma de ética del humano-en-el-mundo. Poesía-energía, se diría, donde se extrae la obscuridad de la luz y se inyecta en la palabra.

Rina Lasnier. (1915-1999)


Robert Melançon. Montreal (1947).

Desde la aparición de Peinture aveugle (1978) Robert Melançon emergió en el contexto de una poesía quebequense en plena ebullición. Su acercamiento a los márgenes de calma del espacio urbano, pero sobre todo su atención delicada por la observación fueron nutridas por su destacado conocimiento de la pintura y las artes plásticas. Para este poeta, traductor y profesor de la Universidad de Montreal el ojo es un órgano central. Quizás la aparición sea el término de uno de los aspectos cruciales del ejercicio poético de Melançon. En ese suceso, la luz baña el volumen y la forma propiciando el lento y delicado surgimiento del mundo, inmerso en el color.
Ahora retirado en algún jardín a las afueras de Montreal, Melançon recibió el Premio del Gobernador General dos veces: tanto por poeta como por traductor (junto a Charlotte Melançon).

Salah Stétié. Beirut,  Libia, 1929.

«Los portadores de fuego» es el título de una de las obras ensayísticas de Salah Stétié que consolidan la visión del trabajo poético con el contacto del cuerpo con la luz y el calor. En la llama la palabra, calurosa como el desierto iluminado, que este poeta diplomático conoce tan bien. Hombre de combustión, Stétié se desplaza lo mismo como poeta, como diplomático o como pensador de las ideas que rigen la identidad y el misticismo del mundo árabe y del occidental. Es quizá a la delicadeza del tratamiento de la materia a lo que Stétié nos somete. Y no sólo al calor y a la luminosidad, sino a los puntos intermedios de los sentidos. Se expande en las telas de su poesía la transparencia.

Hombre de combustión, Stétié se desplaza lo mismo como poeta, como diplomático o como pensador de las ideas que rigen la identidad y el misticismo del mundo árabe y del occidental. Stétié es sin duda una figura de conciliación entre varios mundos: un puente. Entre las distinciones que rodean su obra y su figura está el premio Max-Jacob y el de la Academia de la Lengua Francesa; es doctor honoris causa por las universidades de Beirut, Burdeos (Michel de Montaigne) y la Cergy-Pointoise.

 

Sarah Clair. 

Conservo el secreto de la identidad de la poeta que ha elegido la discreción del seudónimo. Pese a la dificultad para localizar sus textos poco publicados, podría decirse no sólo hay en ellos una poética del intelecto clavado en la emoción del paisaje, sino también están los sabios secretos de la acompañante.



Yves Bonnefoy. Tours, 1923.

Bonnefoy encarna una de las modalidades contemporáneas del poeta total. Pensador, crítico, agitador cultural, las ocupaciones metafóricas de Yves Bonnefoy atraviesan la imagen desde todos sus ángulos. Tras un acercamiento juvenil al surrealismo, funda posteriormente la revista La Révolution la Nuit (1946). Destaca su noción de «la presencia del mundo», el aquí y el ahora, la precariedad de lo inmediato y de su desaparición: la apariencia efímera. Es quizás en torno al ícono, el percepto visual, donde Yves Bonnefoy ha tejido la espiral de su escritura, logrando abstraer las entidades percibidas a través de la reflexión del concepto. Concepto y percepto tensan la trinchera de la poesía de Yves Bonnefoy.

Fuertemente intelectual y delicado, este filósofo del verso con indicios de matemático, ha traducido a Shakespeare, a W. B. Yeats, Petratca, Leopardi y Georges Seferi. Yves Bonnefoy es doctor honoris causa por diversas universidades entre las que se cuentan Neuchâtel, Chicago, el Trinity College de Dublin, la Universidad de Edimburgo y la de Oxford. Ha sido profesor en el College de France, y entre los múltiples premios que su obra cuenta están el Gran premio de poesía de la Academia Francesa, el Premio Goncourt de poesía o el Premio de la Bibliothéque Nationale de France. Ha sido enérgicamente traducido, por lo que mi acercamiento a su obra es limitado pero atento.

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