Abdellatif Laâbi

Abdellatif Laâbi. Fez, Marruecos. 1942.

Figura clave de la política marroquí en su juventud, este poeta acabó tras las rejas por su lucha ideológica, y desde ahí supo forjar una poesía que florece sin rencor, que reivindica desde la sutileza. Aquí, la luz de detrás de los barrotes se levanta. Fundador de la revista Souffles en 1966, dio un respiro a una promoción entera de escritores, pintores, cineastas y dramaturgos que buscaban válvulas de oxígeno. Desde su trinchera de combate luminoso y exiliado ya en Francia desde 1985, Abdellatif Laâbi ha hecho arder el Prix Goncourt de la poésie (2009)  y el Grand Prix de la Francophonie (2011).arton2158-83d63

L’Arbre de fer fleurit (1974) | L’oeil et la nuit (2003)
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[Esta luz]

Matt Shlian
Esta luz
no es para ser descrita
se bebe
o se come
El amarillo espera al azul
que se retrasa con el verde
el blanco sonríe
en esta escena cotidiana
del despecho amoroso
Habitar su cuerpo
no es sencillo
es una casa embrujada
un campo de minas
Habría que alquilarla
sólo para vacaciones
El rocío
no es más que agua
pero es un agua amorosa
No lo niego
la escritura es un lujo
pero es el único lujo
donde el hombre
sólo se explota a sí mismo
El profeta destruye los ídolos
el tirano
edifica estatuas
Abro la ventana
de mi jardín secreto
Los depredadores lo han saqueado todo
se llevaron incluso
el secreto de mi jardín
A menudo
me siento reducido
errante en algún lado
cuando me felicitan
No espero nada de la vida
voy
a su encuentro
Abdellatif Laâbi, extracto de Tous les déchirements (1990)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[La tierra es muy paciente]

Matt Shlian
La tierra es muy paciente
Espera su cantor
que tarda un poco
luego se presenta
hermoso adulador
que fácil se perdona
porque es un poco músico
y pintor con las manos en la masa
de las palabras
que conocen el camino al corazón
El aquí
entonando con acentos genuinos
su viejo estribillo
que la tierra finge
escuchar
por primera vez
La vida se esfuerza
en las malas ofrendas
y para recibirlas de su mano
más vale estar advertido
de la intención
del código de la ceremonia
de las abluciones morales
que deben completarse
con las palabras con demasiada
—como esas estúpidas gracias—
delicadeza del gesto
y de la digna reverencia
Y luego
al momento de retirarse
sobre todo no precipitarse
como esos vencedores que sólo tienen prisa
por ir a exhibir a la multitud de los frustrados
su triunfo
Es una casa
donde hemos recibido la profusión
el sabor y el olor de los seres
los colores táctiles de los elementos
la belleza púdica de los árboles
Comimos preferentemente
con el extranjero
bebimos con el comensal más desesperado
y velamos de noche y día
con nuestros fantasmas prevenidos
Concebimos niños libres
de nuestros sueños
Todo ello
con la oreja pegada a la puerta
para captar los vacilantes pasos
de lo inesperado
 
Abdellatif Laâbi, extracto de Écris la vie (2005)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Discurso sobre la colina árabe

Andreas Nicolas Fischer

III
Del mar a las estrellas
exactamente un palmo de lágrimas
Génesis del mundo
en esta mirada frágil
que talla lo efímero
mientras el balanceo del tiempo
arranca las malezas
de la desolación
De la ruptura de todas las cosas
Amor cantinela
atravesando los espejos
hacia la única tierra
donde la sed
es todavía virtud cardinal
Orgullo de esta palabra
que enguirnaldo como pasarela
vaivén de regocijo
escucha de nuestras transparencias
abandono a la bondad
¿Qué hay que decir para abolir
la necesidad de hablar?


La soledad no es una tara
que haga falta ocultar
con la hoja de higo
de los discursos codiciosos
Cuando me siento solo
es de compasión
por todas las soledades
Benévola inquietud
que me arma
contra la intolerancia de las ideas
me revela
el veneno que destilan las estatuas
dirige
mi bastón de ciego iluminado
en el campo de minas
donde la muerte dulce
se alimenta
de la vida violenta
Os invito a la transparencia
os invito al instante de verdad
que merece una vida como la nuestra
os lo pido
Observad el infinito de las constelaciones
observad el largo camino
de nuestra especie inteligente
sumergiros en el dédalo sin salida
del hombre
pero meditad al fin
detened la máquina infernal
de la acumulación
quebrad el tiempo
del progreso sin memoria

(302-303)

Abdellatif Laâbi, extracto de Discours sur la colline arabe (1986)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

El sol no tiene patria

Jonathan Reid

El sol no tiene patria
A veces
oh muy raramente
ya no podías más
con el torbellino de lo cotidiano
con la erosión del trabajo
visible e invisible
con este vacío que se extiende alrededor de ti
por la cobardía de algunos
por desierto interior de otros
y tus lágrimas brotan
sin tu consentimiento
pero muy pronto
vuelve la sonrisa
levanta tu puño
antes de las despedidas
En esos momentos
quedaba desolado
y el ejemplo perpetuo de esperanza
que me venía a la mente
era el de aquellas mujeres de los arroces
llevando en alto hoy
la bóveda del cielo de Hô Chi Minh
¿Quién dice que ellas nunca lloraron
cuando transportan la tierra
picando el arroz
cosechando
bajo las bombas?
Pero siempre bregaban
vigilando el cielo
los pájaros de acero y de masacre
y aún más rojo el sol
de la victoria incontestable
Nosotros también
sostenemos algo semejante a una guerra
menos devastadora
pero quizás más sutil
También nosotros vigilamos nuestro cielo
sus promesas
Así acabas reconociendo
conmigo
que siempre seremos los más fuertes
porque
el sol no tiene patria
(188-189)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Y luego descubrí]

Ezgi Polat 
Y luego descubrí
el tercer cuello de tu cuerpo
la raíz arteria de tus zonas profundas
sus nervaduras asaltando
los senderos deslumbrantes de tu costado
que en mi mano se talla
para transmitir a toda tu estatura
relinchos de yegua protectora
cuando el sol preña la tierra
apenas surgida del caos
desamparada la tierra
sacudida por grandes espasmos
buscando asiento
En este exacto momento los volcanes se despiertan
y la tierra concibe
cómoda su lugar en el universo
noche, mis ojos perdidos
sin recordar
mis dolores acumulados
y mi nueva errancia
noches
en que me unía al andrógino
derribando todo en torno a nuestra noche
las lianas del mito
Luego tus senos en su nacimiento
tu permanencia virginal
brotando de ambos lados
para levantar bien
las bóvedas brillantes de tus caderas
y en este equilibrio de catedral
endulzar el resplandor arcoíris de tus vidrieras
Luego tu nuca que se ofrece
distribuyendo en tu espalda las tonalidades de la blancura
y sin cronología
tus labios
que voy a celebrar sólo por ti
(113-114)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (197piafaba, 4)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Y luego tus ojos]

Nishe
Y luego tus ojos
como ese fuego sobre la montaña
pero una montaña donde se transportaba el mar
para proveerse de una doble transparencia
la bóveda del cielo
todos los matices del azul
con un ligero verde-bosque
y pigmentos pardos de tierra
tal como los imagino
Que decían tus ojos
si esto no es la mentira de mi tribu
sobre las gacelas del desierto
si no es la hipocresía
de los poetas cortesanos
seductores de las Caras-de-la-luna
y de tantos admiradores efebos
si no es el horror
de la violencia patriarcal
ejecutando legítimamente el coito
Me rebelé al principio contra aquello
Luego tus ojos
como el sueño frágil de mi patria
y sus albas de desalientos
la brisa lamiendo el oro de los alminares
y ese fuego transparente sobre la montaña
Tú me mirabas
como Atlantis
o el Cristo hecho león
y al principio todo es mi angustia rabiosa
que yo ahogaba en los fondos marinos de tus ojos
Fuimos como dos continentes
que la deriva llevaba hasta el encuentro
uno bajo el otro, uno sobre el otro
y de raíces entremezcladas
y de savias antidiluvianas
y de todo lo que no se interrumpe
y de todo lo que se parece al hombre
se forma el asombroso cuerpo de nuestro amor
(112-113)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Entonces hacia ti mi largo recorrido]

 

Nishe

 

Entonces hacia ti mi largo recorrido
para ganarme la palabra
«Yo, ¿qué era
antes de conocerte?»
un racimo de cóleras azotando las ruinas
el hombre en cruz y encapuchado
me abrió el cuerpo
traficó los órganos, desapretó el cerebro
dándome por muerto
sobre el margen del asfalto
algunos libros, algunos víveres
para disponer bien mi erosión
¿Qué era yo?
un racimo de cóleras azotando las ruinas
maldiciendo la ciudad
el odio tomaba cuerpo
lanzando anatema sobre anatema
a la cabeza de las cobardías
de las traiciones
y de los fósiles valores
el odio tomaba cuerpo
la muerte de Dios
y la nueva barbarie
ni esta, ni aquella
en el laberinto del orgullo
Y entonces tu mano
y la ternura del mundo
lo que los libros no me han enseñado
lo que las calles no me han enseñado
lo que sólo la cuenca me murmuraba
lo que sólo la arabesca me sugería
cuando nací a la contemplación
Tu mano de adivina
inundada de auroras
que tomo
ajustando dedo a dedo
juntando las líneas
verificando su materialidad
sintiendo su fluido, su filtro
enlazándome a las fuerzas originales
Yo
¿qué era?
un racimo de cóleras azotando las ruinas
apenas despertando
a la gran miseria social
en un universo de convulsiones
temía el fin
temía el comienzo
pero piafaba, coceaba, mordía
escalpado en mi carne y en mis ojos
maldecía nuestra vergüenza
la espera y la conformidad
concibiendo la más enorme ira
contra los agresores de nuestra historia
(111-112)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Y si dramatizo]

Nishe
Y si dramatizo
es porque en el fondo
soy hombre de síntesis
y si grito
como si no viera tras de mí más que ruinas sobre ruinas
es porque sé
lo que nos costará
sobre todo ahora
merecernos la palabra
nuestra faz humana
merecer la alegría venidera
porque de ahora en adelante
necesitaremos
todo nuestro genio
toda nuestra antigua locura de visionarios
necesitaremos
toda nuestra lucidez
Así
mi cerebro habrá seguido funcionando
Siento incluso que mi corazón ha crecido
y este sol que hunde todas las barreras
nace y muere a mis pies
y esta noche atragantada de estrellas
como una montura
que me ayuda a atravesar los siglos
y este perpétuo clamor
afuera
marejada de manos
índice que nombran los blancos
Soy feliz
como me gusta ahora
y cómo sabe mi odio elegir
¡Alzaos
millones de poetas!
Prisión civil de Casablanca
(134)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Entonces de nuevo mi camino hacia ti]

Nishe
Entonces de nuevo mi camino hacia ti
dime
¿qué proferí toda la noche
y para qué todo este periplo?
No he abandonado un solo instante
el filo de la navaja
la cima de fuego
veleidoso
Qaïs
pero mi desierto estaba impracticable
Al-Ma’arri
pero el infierno estaba vacío de Dios
mecanizado el infierno
Sindbad
pero dije haber enterrado los milagros
Ulises
pero yo mismo había
desplegado las velas
hacia todas las intersecciones del riesgo
veleidosamente
la luz y la tiniebla
hombre del Uno
y de lo múltiple
veleidosamente
la complejidad del árbol
y la verticalidad monolítica
del obelisco
(133)
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

El árbol de metal florece

Justin Mullet

Mi amada
el alba nos recuerda la presencia
la lucha se reanuda
y el amor se abre como una rosa
en la arena del motín
Mi mano tiembla
al final
lo que tengo es ganas de amputarme un miembro
para elevar mi ofrenda hasta ti
justamente esta mano
que se alza para limpiar la afrenta
sí por ti
en la euforia del motín
Invoco al desierto habitado por la palabra
al silencio resonante del comienzo
invoco al agua, a su origen
de fuentes desconocidas y caídas aterrantes
invoco a lo que nace de la tierra
y de la mano del hombre
invoco al torbellino sordo e insensible
de la emergencia
invoco a las capas durmientes del fuego
a la entereza del cielo
flagelado por el espectro solar
invoco a la hondura nupcial
modelando el suspiro
en sus entrañas de perlas
interpelo al hombre y la materia
me arrojo al corazón del movimiento
pero el alba de mi patria se despliega
como un enigma
más allá de los barrotes
percibo levemente un árbol
un alminar
tanta belleza me deslumbra
un escalofrío me atraviesa la espalda
sorprendo a tu sueño
de esfinge reposada
me deshago lentamente de un miembro
para elevar mi ofrenda hasta ti
justamente esta mano
que se alza para limpiar la afrenta
sí para ti
en la euforia del motín
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.