Agneta Ekholm

 

Grave
bajo sus iluminaciones de cielo negro,
la página en el libro. Queremos levantarla
aunque sea sólo por un ángulo, ver más allá
el espacio de las otras páginas. Pero el fajo
de esas otras forma masa. Parece adherida
por un agua del fin del mundo. ¿Turba
para un último fuego? ¿Tenemos que creer
que el signo que toma al filo de las cosas
como un rayo, y ahí relumbra,
no habría sido más que manos reunidas vanamente
sueños, exaltación de nada más que sueños,
momia decorada para nada, bajo su manto de piedra?
Se hace de noche. En las recámaras
los cuerpos se desnudan. A veces un movimiento
para nada, inacabado,
invade a un durmiente y atormenta su sueño.
¿Voy a tocar ese hombro pálido, ese otro,
pedir que los ojos se abran, se agranden,
que los cuerpos resuciten, como se cree
que una vez sucedió? ¿Gritar,
regresa, Claude, regresa, Enzo, de entre los muertos?
Grito nombres, nadie se despierta.
Yves Bonnefoy de L’Heure présente (2014)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.
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