Pablo Picasso. L’étreinte
De dos en el calor
Eyes in the Heat
Cuadro de Jackson Pollock
Este deseo, y luego la privación, un dolor. Así, siempre, la distancia: allá es demasiado lejos; el lugar se aparta. No se llena. Tantas cosas, tanto afuera. Los brazos muy cortos. Podemos contar, inventario, clasificación; podemos descripción, topografía, eco. Podemos, silencio. Y ver.
Ver a través, entre, en el agujero. Ver el vacío que bordea todo y que es la vista. Que es de la vista a punto de olvidarse en nuestros ojos. Lo visible es mi vista. O lo inverso. Pero según un orden. ¿Y si rompiéramos? ¿Si ciñéramos, apretáramos, para que más del todo orificio, espacio, aire sino el remolino presente en la piel de nuestros ojos? Directamente. Sin distancia.
Y eso, este todo masivo sobrecogedor, lo desarmaremos, lo cortaremos, lo trituraremos: serán bloques de vista.
O bien, sacaremos los ojos de su cabeza para que el espacio de la vista se haga carne ligera, carne aérea. Y sobre el cordón extendido de los nervios amarremos todo lo que pende al borde del mundo. Como un cuadro interior…
O bien, ponemos sus ojos en frente de él, y vemos en ellos lo que, por ellos, era nuestro punto de vista. Y la cabeza de pronto se vacía, y he ahí una imagen.
¿Pero qué? ¿Qué es una imagen? Nada más que una rebanada de vista en el contenido tan tenso que ya no se mueve, que se mantiene inmediatamente en el presente. La pintura es el arte del corte y de la fijación.

Mira… Basta agitar los párpados para obtener bellas rebanadas regulares; único problema: ¿cómo conservarlas? Pero qué importa, siempre podemos hacerlas pensamientos.

Jackson Pollock. Eyes in the Heat

Evidentemente, todo lo ilusorio es mental; en cuanto a lo que no lo es, hay que diferenciar lo invisible, que está generalmente en lienzo o en madera, de lo aparente, que es la pintura (inútil detallar los elementos). Podemos vacilar sobre el estatuto de la firma.
Estos preliminares, claro está, son un retraso para evitar entrar enteramente en la vista. Pues una vez allí…

Una historia comienza en cada instante: obstruye la Historia, Dios, la autoridad… Prohíbe el presente perpetuo de una pintura. O más bien, deshace el sobrecogimiento, aunque él solo motive nuestra paralización, allí delante.


El instante es una idea fugitiva.
¡Mi reino por tus ojos!


Bernard Noël, extracto de «De deux dans la chaleur» en Les Yeux dans la couleur (2004)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.





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