Aldo Bakker
Extractos de El sol substituido
 
[1] Escuchar o sentir lo que ruge en el subsuelo, bajo la hoja rasgada, bajo nuestros pasos. Y quisiera elevarse — escribirse. Y sacude la escritura, le inyecta su intensidad, su coherencia Lo que grita y golpea en el subsuelo. Un asedio de pájaros. Y de pronto el influjo de limadura que nos atraviesa como si su avidez, su estridencia abriese las fibras, distendiendo la trama, ensamblando el cuerpo. 
Sentir, descubrir lo que es, lo que ya era, sin ser, allí, y que al atravesarnos arde, lo que no se sufre más que al escribirlo, y no se escribiría sin la apertura que un golpe de locura perfora en la opacidad de lo real. Sin orgasmo y sin herida. Sin la muerte en la que se confunde el juego, los piones derribados y las rimas, incorporado e interpretado lo que asemeja a su deseo, — su irrealidad, su impostura.
Aldo Bakker
[2] Tan cerca, esta noche, de pura y simple asfixia entre cuatros muros, entre dos montañas, a punto de salir, de salirse de sí, de escaparse a la inerte distinción de dentro y fuera, siempre abusivamente cubierta por las larvas del interior, a punto de vomitar y de ser vomitado, de ser levantados y heridos, de ser separados, de cambiar de cuerpo…
entre dos paños de agua torrencial, entre las nubes rápidas, pero la cara boca abajo, yéndose y derivando, soportando la atracción de la ausencia de centro, gozando un insólito aligeramiento…
somos el no-lugar, el no-objeto de una gravitación, de signos insensatos. Las fuerzas que ignoramos se tropiezan, se componen, derrumbando los vestigios, trozos de muros, troncos derribados, letras muertas —y hacen subir el fondo y lo que en él se mezcla y se retiene— y liberan el espacio del próximo tormento.
Somos el no-lugar y el no-espejo de su impulso destructor, el campo devastado de su conjunción y divergencia. Yacimiento a cielo despejado. Espacio del dolor y la suerte en donde, para disimular, se eleva todavía, reformando una absurda duración, la tinta de la nube, el esbozo de un texto impersonal — el comienzo de un cuerpo sacado de su trayectoria.
 
Aldo Bakker
[3] Al «odio de la poesía» le sucede la traición de la poesía. A su confrontamiento cara a cara, una deriva oblicua, despegando su perfil perdido.  Una medida denegación sextante sobre el mapa del cielo fangoso.
Ella que ordenaba la fractura, las repentinas mutaciones, que exhalaba el enigma vacante en la hoja virgen, donde se muestra explícita la caída; su ruptura elimina un rodeo interminable.

[4] Comemos la tierra que nos come. Dar un paso no es más costoso que morir. El afuera ha entrado por las ranuras del cuerpo. Tierra y noche llenan la boca. Escribir hace peligrar al otro.
 
 
 
Jacques Dupin, extractos de «Le soleil substitué», en Dehors, 1975.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

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